miércoles, 12 de junio de 2013

Karadagian

Era martes, así que me había propuesto trabajar, ya que los lunes se usaban para charlar del fin de semana,  los miércoles los gastábamos en preparativos para el partido de la tarde, los jueves estaban llenos de cargadas (dadas o recibidas) y los viernes, cansados de la semana, dilatábamos el almuerzo hasta horas inusitadas.
Acomodé todos los papeles sobre el escritorio con el correo abierto y comencé a ordenarlos y a contestar “emilios”, con la eficiencia de Gaguito distribuyendo el juego en la mitad de la cancha. Si todos los días tuviese la productividad de los martes, sería presidente del banco.
A las once y media me llamó mi jefe a su oficina y, optimista como estaba, fui inmediatamente, él estaba acompañado:
—¿Cómo le va Pedro?, siéntese por favor, ¿conoce al doctor Fernando Barrios?
—Mucho gusto, doctor—estreché la mano del cuervo—, no lo conocía personalmente, he recibido sus correos sobre amparos y consultas legales que he hecho.
—Mucho gusto—dijo el cuervo, distendido y sonriente
—Mire, Pedro, tenemos un problema— empezó mi jefe, sin tutearme—. El jueves de la semana pasada usted informó por mail que estaba cerrada la presentación ante el B.C.R.A., por el canje de los Cacones 2017.
—Sí, Ricardo, así fue—dije aliviado, había sido un lio importante que cerré perfecto, mi jefe podía estar tranquilo, cuidé celosamente sus “reales”.
—Sin embargo, el doctor Barrios ha recibido una queja del director comercial, Carlos Render, a quien no le informaron del vencimiento del canje y quedó con una posición de Cacones 2013 que ya no puede ingresar, y su precio se ha derrumbado al 15% de lo que valían al jueves— ¡a la mierda!, pensé, tenía que contestar rápido
—Yo circulé un correo quince días antes del vencimiento, Ricardo.
—Pero el señor Render no lo recibió, de hecho, yo tampoco lo recibí, acabo de chequearlo —dijo Barrios
—Disculpe, doctor, pero usted no tiene posición de Cacones 2013, usted tiene Trash 2014 —por suerte siempre tengo las tenencias de la plana mayor en la cabeza, ¿cómo se me había escapado Render?
—Lo mismo debería haberlo hecho —dijo en voz más baja el boga
—Entiendo que no debo comunicar información que es pública, doctor —dije envalentonado, sin tener en cuenta con quienes estaba hablando, error
—No me vengas con esas boludeces —me dijo Ricardo, lo cual hizo que no me entrara un alfiler debajo de las uñas, empecé a buscar salidas por otro lado
—Quince días antes del vencimiento solicité un listado, con todas las tenencias de Cacones a Sistemas, que me enviaron tarde.
—Sistemas dice que se lo entregó a la hora once, del día siguiente de solicitado —resucitó Barrios
—Sí, doctor, lo recibí, pero a última hora, después de las cuatro. Recién al otro día pude comunicar la operatoria a todos los tenedores.
—Bueno, no a todos, según Render… —tordo hijo de puta, pensé
—No dudo de la palabra del director, debería controlar el listado de distribución
—Pedro, si Render dice que no lo recibió, no lo recibió, no controles nada —dijo mi jefe, que, evidentemente, tenía una vieja pelea con Render y se veía a la parrilla, y parecía que yo sería las brasas.
—Sí, Ricardo, ¿podría hacer un par de llamados telefónicos? —me jugaba todo en una carta
—Si es indispensable… —dijo mi jefe, con la cara que ponía cuando calculaba una indemnización por despido
González tenía que salvarme, para algo le enviaba presentes todos los años, marqué el número del Banco Central:
—Hola, Lacho, ¿cómo te va?, soy Pedro, del Bookaner Bank
—Hola, Pedrito, ¿cómo te va?
—Más o menos, Lacho, me quedó colgada una posición de Cacones 2013, ¿puedo agregar?
—¿Estás loco?, si los compraste hoy a dos mangos y entrás en el canje sería una estafa.
—Los tengo en custodia en Caja de Valores desde antes
—Bueno, si es así, presentá una rectificatoria hoy, antes de las seis, con un certificado de la Caja, que la posición es anterior al jueves y te los tomo.
Besé los pies de González, siempre me salvaba las papas. Colgué y llamé inmediatamente a mi asistente:
—Juan, rescatá la presentación al BCRA de los Cacones y agregale la tenencia de Render, ya voy a controlarla. Transferilos a la cuenta del Central ahora mismo.
Colgué aliviado, traté de que la voz no me temblara:
—Les pido disculpas, seguramente ha sido un error de mi oficina que regularizaré hoy mismo, después le alcanzaré, personalmente, la documentación a firmar al señor Render —Ricardo me miró como para matarme, pero aliviado, ya estaba con la cara con que enterraba futuros en algún cementerio de elefantes
—Bueno, tratemos de que no se repitan estas situaciones —revolvió Barrios, en un claro mensaje a mi jefe, y comenzó a levantarse.
Como por arte de magia, apareció Juan, tras el vidrio de la oficina de Ricardo, y el alma se me fue al cuarto subsuelo
—Parece que tengo que firmar la transferencia, ¿puedo?
—Sí, andá —dijo Ricardo
Cuando salí, Juan, tartamudeaba “Render no tiene Cacones”, me dijo. Tragué saliva, cerré los ojos y me metí de vuelta en la que, creía, sería mi cámara de gas.
—Perdón, Ricardo, doctor. No aparece la tenencia del señor Render.
—¡¿Cómo!? —trinó Barrios— ¡Llamá inmediatamente a la oficial de las cuentas de Render, a Lucrecia! —El alma me volvió al cuerpo, pasé a ser Karadagian contra el oso Bongo. Ricardo estaba a punto de partirme la silla en la cabeza y jurar que nunca me contrató, ni tuvo oportunidad de conocerme y que nunca confió en mí, a pesar de no haberme conocido
—¿Lucrecia Sánchez? —pregunté aliviado, pero con el estómago aún vacío, no podía ser tan fácil
—Sí —dijo Barrios, con un tono de ¿qué Lucrecia querés que sea, pelotudo?
—Ricardo, Lucrecia es oficial de las cuentas off shore, tal vez, la tenencia del señor Render esté en Gran Coyote, que está fuera de nuestra incumbencia… —estoy seguro que reprimió las ganas de tomar mi cabeza con las dos manos y besarme la frente
—La llamo yo, ahora—dijo, y tomó el teléfono
Nunca vi a mi jefe ponerse las jinetas como se las puso con la pobre Lucrecia, colgó y siguió con Barrios
—Evidentemente ha sido un error —dijo—, pero de la custodia off shore. Te pido por favor, Fernando, que chequees estas cosas, antes de dudar de nuestra labor, no hay nada que pueda achacarse a Pedro —pasé de estar hechado a sumar para el bonus, en cinco minutos; estoy seguro que sonreí sin querer. Pero del otro lado, había una anguila muy hábil.
—Ya veo, ya veo, Ricardo, te pido disculpas, pero ya que tenemos la posibilidad de presentar una rectificatoria al Central, bueno, ¿podríamos arreglarlo...? —ambos me miraron, tragué saliva y encaré, no estaba acostumbrado a jugar en esa categoría…
—Si el departamento de legales me autoriza, puedo transferir desde la cuenta del banco, que tiene Cacones sin canjear, y cuando recibamos los de Render, lo regularizamos.
—Sí, sí —dijo Barrios— ahora mismo te autorizo con un correo, lo copio a Render —nuestras cabezas giraron a Ricardo. Sonriente y dueño de la pelota, aceptó. Ya estaría imaginando cómo cobrarla.
—Bueno, decile a Render que pase hoy, por el escritorio de Pedro, a firmar la documentación —¡Quiero vale cuatro!
Se fue Barrios y Ricardo me miró satisfecho
—Van a querer apretarte, transferí tu teléfono al mío y quedate acá, vamos a tomar un wiskicito hasta que llegue la autorización, ¿mañana tienen partido…?

—Sí, y va a ser chivo…—y me quedé, disfrutando del martes. La semana estaba hecha.

viernes, 31 de mayo de 2013

Des-cuento

este cuento, cortito y simpático, fue el que más satisfacciones me trajo, espero que guste

En la romería de las ideas fui a buscar una de apuro. Tenía que hacer un cuento, y entregarlo a mi editor, antes de que saliera el sol del martes.
Puntualmente había cobrado el adelanto y lo utilicé para incrementar mis vivencias creativas. Es decir, alcohol, boliche, amigos, parranda y me quedó un pequeñísimo saldo a invertir en la adquisición de una idea, ya que el tour motivador no arrojó más resultado que resaca.
Presuroso, acudí a la tienda de Conflictos Universales; quería erigir un monumento a mi amada, como nunca se hubiese hecho. Adquirir frases deslumbrantes que manifestaran, con simpleza y economía, ideas tan abarcadoras como el morir por ella. Estaban muy caras.
Resignado a bajar un escalón, comencé a revolver en la mesa de saldos y, aún por los temas fuera de moda, pedían un disparate: La Revolución estaba como cinco mil dólares, varias Utopías rondaban los tres mil quinientos; La Muerte, clásico de todos los tiempos, no bajaba de los cuatro mil. Salí asustado de los Conflictos Universales y me metí en el negocio de Problemas Coyunturales, ahí los precios están más acomodados. Un drama por la inseguridad, rondaba los dos mil, la angustia post-divorcio también andaba por ahí; historias con moralejas estaban más baratas, pero se notaba que eran del año pasado, tanto tiempo en la vidriera las habían decolorado. De todos modos, todo era mucha plata.

Después de dar vueltas por Desamores Melancólicos, Costumbrismo Obligado, Realismo Mágico Trucho y Plagios Desconocidos, conté los pocos pesos que tenía y solo podía comprar una anécdota en el quiosco de la salida de la romería, así que aquí está, sepan entender las limitaciones de mi presupuesto.